Faith that ignores the cry of the hungry is no faith at all. Scripture is clear: “If anyone has material possessions and sees a brother or sister in need but has no pity, how can the love of God be in them?” (1 John 3:17). True faith moves—it stops to listen, bends down to meet the eyes of the forgotten, and refuses to settle for prayers without action.

That’s why Gateway to Hope volunteers refuse to look away. Their hands—quick to share their last—are a rebellion against indifference. Their hearts, attuned to God’s voice, turn His call into a chorus: “Yes, I’ll go. Yes, I’ll give. Yes, I’ll stay.”
Their tireless service is a jubilant declaration: “Here I am, Lord—use me!” No task is too small when done for Him. A grocery bag becomes a banner of hope. A whispered prayer becomes a lifeline. Because when we serve the least of these, we serve Christ Himself (Matthew 25:40).
This is love that does something. For the single parent sighing over an empty fridge, it’s “Give us this day our daily bread”—answered. For the lonely senior, it’s the embrace of “I will never leave you.” For the child clutching a new backpack, it’s the quiet certainty: “You are seen.”
Gateway to Hope isn’t just charity. It’s the Gospel, written in flesh and blood.
La Fe Sin Obras Está Muerta
La fe que ignora el clamor del hambriento no es fe en absoluto. La Biblia es clara: “Si alguien tiene recursos y ve a su prójimo en necesidad, pero no tiene compasión, ¿cómo puede estar el amor de Dios en él?” (1 Juan 3:17). La fe verdadera actúa—se detiene para escuchar, se inclina para mirar a los ojos al olvidado, y se niega a conformarse con oraciones sin obras.
Por eso, los voluntarios de Gateway to Hope se rehúsan a apartar la mirada. Sus manos—callosas por empacar alimentos, firmes por sostener al que llora, generosas para dar hasta lo último—son un acto de rebelión contra la indiferencia. Sus corazones, sintonizados con la voz de Dios, convierten Su llamado en un coro: “Sí, iré. Sí, daré. Sí, me quedaré.”
Su servicio incansable es un grito gozoso: “¡Heme aquí, Señor—úsame!” Nada es pequeño cuando se hace para Él. Una bolsa de comida se convierte en bandera de esperanza. Una oración en voz baja se vuelve un salvavidas. Porque al servir al más pequeño, servimos a Cristo mismo (Mateo 25:40).
Esto es amor que hace algo. Para el padre soltero mirando una despensa vacía, es el “Danos hoy nuestro pan de cada día”—respondido. Para el anciano que se siente solo, es el abrazo de “No te dejaré.” Para el niño que agarra su mochila nueva, es la certeza de: “Dios te ve.”
Gateway to Hope no es solo caridad. Es el Evangelio, hecho carne y hueso.
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